Historia del Colegio

Nuestra Historia

Una mañana de agosto de 1965, Hilva Echeto de Castillo, fundadora del colegio, formo la primera célula de la institución en una habitación de su hogar. Por venir de una familia con marcada vocación magisterial y devoción religiosa, desde temprana edad sintió predilección por las labores educativas. Su praxis estuvo acompañada de amor, entrega, fe, de sus virtudes y sacrificios. Tan solo fueron 20, los alumnos que integraron esa primera aula de la Escuela Particular «Madre Emilia», todos provenientes del vecindario aledaño. Cada padre o representante debía suplir el pupitre, mueble o la mesita que ocuparía su hijo (a) o representado (a) durante su permanencia en la Escuela Madre Emilia. A cada pupitre se le identificaba con el nombre de su propietario quién, una vez finalizada su educación en la escuelita, se lo llevaba consigo.
A las 5:30 de cada mañana comenzaba la faena diaria en este singular hogar con la remoción de los muebles de la casa y la colocación de los pupitres en la sala, y con el tiempo se extendería a los dormitorios, a la espera de los niños y niñas. En la tarde, al finalizar el dia de actividades, una pequeña habitación de la casa se disponía para guardar los pupitres y se reponían en su lugar todos muebles que habían sido removidos en la mañana. El costo de la instrucción era de 5,00 Bs/mes y los niños asistían a clases en horario de 7:30 a.m. a 11:30 a.m. y de 2:00 p.m. a 5:00 p.m.

Con el devenir de los años, la «escuelita de Hilva» comenzó a ser conocida más allá de los confines de San Carlos y Santa Bárbara. Padres de pueblos circunvecinos como Santa Cruz y Encontrados manifestaban el deseo de que fuese la maestra Hilva (como la mayoría solía llamarla) la maestra de sus hijos. La distancia era el factor limitante; así pues, durante algunos años ofreció un sistema de semi-internado e internado para un reducido grupo de niños que más tarde desaparecería por la dificultad en conseguir personal de apoyo para la atención de los mismos. En el mes de julio, maestros reconocidos del pueblo como Colombina, Antonio Reverol, Josefita Nava, Julio León o Ana Nilda González, entre otros, eran invitados o jurados para evaluar integralmente a los alumnos y certificar sus competencias para ser promovidos.

El 23 de abril de 1985, 20 años después de haber emprendido el camino de un sueño, el Colegio adquiere personalidad jurídica y se formalizan los tramites legales por ante el Ministerio de Educación para la Inscripción del Colegio de manera tal, que los estudios cursados en el Colegio contaran con el aval oficial.
A partir de ese año, Dylan Castillo Echeto, hijo menor de la maestra Hilva, egresado del Loyalist College of Applied Arts and Technology de Canadá, asume la Dirección Administrativa del Colegio. Comienza un largo periodo de crecimiento, a la pauta de un grado por año. Un planificado proceso de expansión, remodelación y adecuación de los espacios físicos se inicia, para dar confort a todos los miembros de la comunidad escolar. A la par de los cambios en la infraestructura, se creó asimismo y aún permanece un programa permanente de Talleres de Formación y Actualización Profesional para el personal que ingresa al Colegio.

Esta revisión y optimización permanente de los procesos y los elementos que garantizan una educación de calidad, integral y de vanguardia pasó a ser la FILOSOFÍA DEL CAMBIO, con la que hoy opera el Colegio Madre Emilia.

El trabajo humano desplegado por la Venerable Madre Emilia (Santa de su devoción) durante su vivir terrenal se convierte en ejemplo y don de fortaleza para la maestra Hilva. Los ruegos y suplicas elevados ante la Sierva de Dios por esta devota consiguieron eco. Las gracias y bendiciones concedidas por la providencia divina a través de la Madre Emilia hacen de ella la guía espiritual y merecedora del nombre que lleva el Colegio.

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Que dicen nuestros padres y representantes

Desde el primer día que pisamos esta institución, sentimos que nuestros sueños y valores están alineados con los de la comunidad escolar. Es reconfortante saber que nuestros hijos están siendo moldeados no solo académicamente, sino también como seres humanos íntegros y conscientes de su entorno.

Juan Aponte

La historia y dedicación detrás de este colegio nos inspiran a confiar plenamente en su labor educativa. Ver a nuestros hijos crecer en un ambiente que valora la tradición, el compromiso y la innovación nos llena de gratitud y esperanza en el futuro que están construyendo juntos.

Heidi Martinez

Cada día que mi hija pasa en esta escuela es un paso hacia un futuro brillante y lleno de posibilidades. La combinación de valores arraigados en la familia y la educación de vanguardia que reciben aquí nos llena de orgullo y confianza en su desarrollo integral

Maribel Rodríguez

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